No termino de leerlo
cuando tocan a la puerta. No me apresuro al timbre, pues sé que mi mujer está
en el jardín, allí me sorprende de nuevo el sueño no acumulado, aquel que le
gusta jugarle las cartas a los viejos retirados. La noche me besó los ojos con
su frío y al abrirlos, me di cuenta que dormí por horas. Pues no hay más, sé
que entonces mi mujer me dejó descansar y que posiblemente ya se haya ido acostar.
Apresuro mi paso cansado
hacia nuestro aposento, veo que su libro de noche está marcando la misma página
de ayer y de todos estos largos días.
-Amor, ¿ya vienes?
Mientras le espero en la
cama, sin intensión más que de acompañarle que de dormir. Me quedo aguardando a
que atraviese el umbral de la puerta, pero no llega.
-Amor. - Sigue sin
contestarme, mientras una lágrima se escabulle por el ojo izquierdo y el eco
del silencio retumba en mi corazón, toca cada fibra sensible, mientras me
pregunto:
¿Por qué no es hoy que
vienes por mí?
Jennifer, grata sorpresa me das con tu visita a mi blog. Pero más todavía que me compartas mariposa tus composiciones literarias. Un abrazo y gracias por tus aleteos prosísticos.
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